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26W3: Tarde y mal

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Otra semana más, otro artículo semanal, y a última hora, para variar.

La carroña de las tragedias

El pasado domingo ocurrió un accidente ferroviario, el primero “gordo” desde el de Angrois (Santiago de Compostela) en 2023. Dos trenes (un Iryo y un Alvia S120) descarrilaron, primero el Iryo por razones aún desconocidas y posteriormente un Alvia de Renfe, causado porque el primero invadió con sus últimos coches parte de la vía contraria, por la que circulaba el Alvia.

Y para sorpresa de nadie, no habían terminado de sacar a todos los viajeros de los trenes cuando ya empezaron a circular rumores por Twitter y por las televisiones especulando sobre las posibles causas, operando tanto a Iryo como a Renfe, Adif y al propio Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible; en algunos casos (como Pito Quiles, Alvise, Abascal y compañía) buscando únicamente sacar rédito político cuando aún no se sabe a ciencia cierta qué ha pasado.

Como todavía no se sabe qué ha pasado y no hay informe de la CIAF al respecto, y como no tengo una bola de cristal, no voy a hablar al respecto más que esto. Del que sí conozco algo más y tenemos mucha más información es del anterior accidente de gravedad que hubo: el del Alvia 04155 en 2013, donde un tren S730 (el primero de alta velocidad, híbrido, bitensión y de ancho variable) descarriló en la curva de A Grandeira, causando 80 muertos y más de 140 heridos.

En ese accidente sí se investigó a fondo lo que pasó, y se descubrió una “suerte” de pacto de Estado tácito entre los dos principales partidos políticos: uno había sido quien inauguró la línea con prisa, optando por no instalar el sistema ERTMS (el sistema de seguridad europeo, para alta velodidad) e instalar el ASFA digital (sistema convencional) en su lugar, para inaugurar poco antes de las elecciones; y el otro llegó al poder poco después, no hizo nada al respecto y cuando el ASFA empezó a dar problemas de puntualidad por fallos de software, decidieron dar órden de desactivarlo y dejar que el maquinista a ojo empezase a frenar cuando tuviera que hacerlo. Con la mala suerte de que el maquinista recibió una llamada del interventor (que tenía obligación de responder) pasándose la referencia para empezar a frenar y entrando en la curva más rápido de lo permitido. Los dos partidos cometieron negligencias gravísimas que llevaron a la tragedia, y ambos se lavaron las manos dejando al maquinista comerse el marrón él solo.

Se da la “casualidad” de que en ese momento gobernaba el PP, con el gallego Mariano Rajoy al frente y con la gallega Ana Pastor Julián en el entonces Ministerio de Fomento (hoy en día, Transportes), y no se pidió la dimisión inmediata de estos como ahora se pide la de Sánchez y Puente sin saber ni siquiera qué pasó. ¿La argumentación? “Cuando ocurrió la DANA de Valencia ellos decían lo mismo”, con la pequeña diferencia de que Mazón estuvo ilocalizable todo ese día y mintió en los días próximos hasta que fuimos conociendo la verdad por filtraciones, por la justicia y por la investigación parlamentaria.

También se da la “casualidad” de que el presidente autonómico de Andalucía, Juanma Moreno, ha sabido pasar de las culpas políticas en una situación tan catastrófica y hablar de la buena gestión tanto de Transportes y la Administración General del Estado, a la vez que gestionando los medios autonómicos de emergencias necesarios. Mientras, Feijóo diciendo que “nadie le ha ido informando de nada” (¿por qué habría que hacerlo, si usted no es presidente porque no quiere?) y copiando el discurso a Vox pidiendo responsabilidades sin tener certeza de lo sucedido.

No serás dueño de nada y serás feliz

La ultraderecha estuvo durante mucho tiempo dando la matraca con el lema “No serás dueño de nada y serás feliz”, sacado de un informe del Foro Económico Mundial (WEF) que hablaba de tendencias económicas a largo plazo. Por supuesto, como una teoría de la conspiración de Soros, de la agenda 2030, de los malvados globalistas y demás.

Pero resulta que la tendencia va al revés: los poderosos (de los que esta gente son lacayos) serán dueños de todo y tú estarás atado a alquilar o comprar de por vida. Hace unos meses, el presidente de Mercadona afirmaba que las cocinas desaparecerían de los hogares y compraríamos todo preparado. Por supuesto, a empresas como la suya, donde cada vez hay mayor oferta y variedad de comida lista. La implicación es grave: en vez de tener la independencia de comprar ingredientes más o menos sanos y cocinarlos a nuestra manera, tendremos una selección de productos que las empresas decidan comercializar y elegiremos entre esos, pagando lo que nos quieran cobrar por comer. ¿En qué cabeza cabe que esto sea positivo?

Luego tenemos al payaso fundador de Amazon, el que “alquiló” Venecia mientras no paga impuestos, que dijo recientemente que “el futuro del gaming está en la nube”, es decir, que en vez de comprarte un ordenador con un buen microprocesador, memoria RAM y una tarjeta gráfica para jugar a videojuegos, que pagues una suscripción mensual de por vida a su servicio. Tampoco es una idea nueva: el fallido Google Stadia, GeForce Now o Xbox Game Pass (que también ofrece los propios juegos bajo suscripción) ya llevan años en el mercado y ganando cuota.

En general me parece un peligro: ya perdimos bastante autonomía con la desaparición de los medios físicos y pasando a “adquirir una licencia” en vez de “comprar” (aunque el botón sigue siendo comprar, una táctica comercial que debería regularse), sin poder compartir nuestra copia del contenido (un CD/DVD, por ejemplo) ni revenderla, estando casi obligados a aceptar sistemas DRM que actúan en nuestro propio hardware contra nuestras voluntades, y pudiendo perder acceso al contenido en cualquier momento si deciden eliminarlo por cualquier motivo.

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